Ayuntamientos 2.0

Ventosa, pueblo de Tratantes y Lechoneros

"Tratantes y Lechoneros".

El gentilicio más común para los habitantes de Ventosa es el de ventosinos, pero también tienen otro que es el más característico y es el de "LECHONEROS".

Muchas veces, al oír este nombre se preguntan de dónde viene, pues bien, la razón está en que en Ventosa , muchas de las familias eran tratantes de ganado porcino, entre otras, las Ceniceros Bezares (conocidos como "Los Chaparros"), los Nestares Nestares ("Los Kikos"), otros Nestares ("Los Cachanes" y "Los Ejes"), la familia Rojo ("Los Pichis") y los Bezares Fernández ("Los Rojas"); estos últimos han sido de los últimos en retirarse de esta profesión, a parte de la empresa Ganados Venega (Familia Nestares Martínez) que es la única que sigue en el negocio.

Aunque comparada con las labores del campo pudiera parecer una profesión menos dura, la verdad es que también tenía sus dificultades pues en un principio iban con unos carros a los que llamaban "tartanas", provistas con unos toldos y tiradas por ganado (caballos o mulas), los cerdos iban debajo en unos cajones con rejillas y los "lechoneros" encima conduciendo. Las ruedas eran de madera y las llantas de hierro.
Poco a poco se fueron modernizando en el transporte y utilizaban unas pequeñas furgonetillas que, aunque iban a motor, eran bastante lentas, ruidosas e incómodas.

La ruta que solían hacer los lechoneros era primero la de ir a comprar el género (lechoncitos) por la Zona de los Cameros y también por la provincia de Burgos, por las casas particulares, porque entonces no había granjas de producción extensiva como ahora, y sin dejar que engordaran los volvían a vender sacando un pequeño beneficio por ello. Realmente la labor que desempeñaban estos tratantes era la de transporte del ganado porcino recién nacido en los pequeños pueblos a las ferias de los grandes pueblos de La Rioja, y así solían ir una vez por semana a la Feria de Nájera (los jueves), a la de Logroño (los viernes) y a la de Santo Domingo de la Calzada (los sábados).

Una vez que habían comprado los lechoncitos los traían a sus casas y durante algunos días había que alimentarlos, para ello tenían en las cocheras unos recipientes llamados "cocinos" que eran de madera en los que les ponían para comer (lo que pudieran darles entonces) hasta que los llevaran a las ferias a venderlos.

El tipo de cerdo, en cuanto a edad, con el que solían tratar eran los rostrizos, que eran los más pequeños ya que eran recién nacidos, los tetones, que todavía estaban mamando, y los primales que ya comían pienso, o como dicen en el argot lechonero, estaban destetados.

Sobre todo, la dureza de este trabajo estaba en que con el medio de transporte utilizado tan lento y las vías de comunicación de entonces, cada vez que salían de viaje a un pueblo bastante lejano, tenían que hacer noche fuera de casa hospedándose en posadas y ventas, y cuando lo vendido no era lo esperado se gastaban en esos viajes más de lo que habían ganado. Además en aquellos tiempos la escasez de dinero era tan generalizada que en muchas ocasiones los "lechoneros" dejaban el género fiado y a veces no llegaban a cobrarlo nunca o mucho tiempo después.

Con el tiempo esta profesión ha ido desapareciendo debido a la proliferación de empresas ganaderas y a que en los pueblos cada vez se cría menos ganado porque no resulta muy rentable. Hoy en día tan sólo queda en el pueblo el negocio de Ganados Venega, pero en el recuerdo de los ventosinos todavía perdura, sobre todo entre nuestros mayores, esa profesión de la que muchas familias hicieron de ella su forma de vida.

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